viernes 29 de mayo de 2009

CARLOS ALONSO ZAMUDIO
"LA EXTREMADURA"

Un joven adolescente
era empleado de un herrero,
era honrado, muy sincero,
y, más que nada, inocente.
Es así que de repente,
dice el muchacho al patrón:
“Tengo una gran confusión,
parece que estoy enfermo,
hace noches que no duermo
por culpa de una hinchazón.

Me siento muy confundido,
pues de repente me crece,
y por momento parece
haber desaparecido.
Por eso es que yo le pido
libéreme de este azote,
cada que miro un escote
pega un brinco el corazón,
me lleno de comezón
y se me inflama el chipote”.

El herrero escucha atento,
su negra barba acaricia,
y con entera malicia
dice al joven al momento:
“Lo que padeces, presiento,
debe ser Extremadura”,
enfermedad que es muy dura,
sobre todo peligrosa,
para nada contagiosa,
pero yo tengo la cura.

Cuando te sientas hinchado,
con el chipote crecido
te vienes veloz, tendido,
te quedas allí, parado.
Yo ya tendré preparado,
para darte mejoría,
un cubo con agua fría,
pa’ bajarte la hinchazón,
verás que la comezón
desaparece por días”.

Le dieron el tratamiento
varias veces en un mes,
gozaba el herrero pues,
con el joven en tormento.
Para no hacer largo el cuento
llegó un telegrama urgente:
“Por reparación de puente
solicitamos herrero”.
Y el hombre marchó ligero,
dejando solo al paciente.

Al cabo de tres semanas
el herrero regresó,
y al joven pronto buscó
pa’ seguir la broma insana.
Con su carita lozana
el muchacho sonreía,
ya muy sano se veía,
no se notaba apurado,
estaba muy mejorado,
y al herrero le decía:

“Por fin estoy aliviado
de la horrible extremadura,
su mujer me hizo la cura,
ya me siento renovado.
Estaba reteinfectado,
pero nada me dolió,
bien fuerte me lo exprimió
con la fuerza de sus manos,
y sin mediar cirujano
hasta la pus me sacó”.